Típico, típicamente…

No hay nada más típico en Semana Santa, gastronómicamente hablando, que las torrijas.

Un dulce que desde que tengo memoria, mi abuela se afana en que comamos a “tutiplen” (y digo afana porque cuando la mujer se pone no hay quien le baje de las dos barras de pan hechas torrijas, por lo menos!)

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La receta que hoy traigo es la básica, la simple, la sencilla, …; y es que en casa, somos de lo más tradicional para ciertas cosas!

Investigando un poco sobre las torrijas y para todo aquel que le interese saber algo más de este postre/merienda/entre horas decir que:

Es un alimento de origen humilde que satura pronto al comensal y su uso es costumbre en Cuaresma, época en que los católicos dejan de comer carne.

La torrija o torreja aparece ya documentada en el siglo XV, al parecer como plato indicado para la recuperación de parturientas. Las primeras recetas se remontan al Libro de Cozina de Domingo Hernández de Maceras (1607) y Arte de cozina, pastelería, vizcochería y conservería de Francisco Martínez Motiño (1611).  La torrija era a comienzos de siglo XX muy habitual en las tabernas de Madrid y se servía con vasos de vino.

Su asociación a la cuaresma se debe tal vez a la necesidad de aprovechamiento del pan sobrante, que, durante el tiempo en que no se podía comer carne, era por ello menos consumido, aunque las familias elaboraban la misma cantidad.

Variantes internacionales

  • En Argentina y Uruguay, donde son muy comunes merced a la secular gran inmigración española.
  • En Chile, Colombia, Ecuador, partes de México y Perú se llaman “tostadas francesas”.
  • En Europa Central están conocidas como “Arme Ritter” (en alemán: caballeros pobres) en Alemania, “Pavesen” en Austria, “Fotzelschnitten” en Suiza y “bundás kenyér” en Hungría.
  • En Francia se prepara, con similares características,el “pain perdu” (pan perdido), si bien éste no se fríe en aceite abundante sino que se hace a la plancha, conociéndose en Reino Unido y países de habla inglesa como “french toast”.

Y después de esta pequeña documentación, vamos al lío!

Ingredientes:

  • 10 rebanadas de pan duro de un grosor de no más de 2cm (del día anterior o de dos como mucho, tampoco pongáis uno duro como una piedra!)
  • 2 vasos de leche entera
  • 1 rama de canela (sustituible por dos cucharadicas de café de canela en polvo si no tenéis a mano)
  • 100gr de azúcar blanca
  • 2 cucharaditas de canela en polvo
  • 1 huevo
  • Aceite de oliva suave

Elaboración:

  • En un cazo ponemos la leche a calentar con la canela, poco antes de que empiece a hervir apartamos del fuego y dejamos que se enfríe hasta que entibie. No nos interesa que rompa a hervir para que la canela no torne a gusto amargo, sólo queremos infusionar la leche por lo que incluso sería suficiente con echar la canela justo cuando apartamos del fuego.
  • Colocamos las rebanadas de pan en un recipiente que se ajuste a la cantidad que tenemos (¿qué significa esto? sencillo, si tenéis 10 rodajasebanadas coger un recipiente donde os quepan las 10 sin montar unas encima de otras y sin que sobre mucho espacio en el recipiente ¿Para qué? para que al verter la leche se quede cerquita de las torrijas y uniforme en altura)
  • Reservamos unas dos cucharadas de leche emulsionada.
  • Vertemos la leche poco a poco sobre la cara de arriba de cada rodaja de pan, haciendo que empape bien esta cara y que la de abajo se empape del sobrante de leche que vaya al fondo del recipiente.
  • Al principio parece que hay mucha leche, pero tranquilos que el pan la absorbe prácticamente toda.
  • Ponemos el aceite de oliva suave en una sartén y calentamos.
  • Batimos el huevo junto con las dos cucharadas de leche que habíamos reservado.
  • Cuando el aceite este caliente , cogemos una rebanada de pan con cuidado ( y digo cuidado porque al están tan empapada en leche es fácil que se rompa, de ahí que el pan tenga que ser duro) la pasamos por el huevo y de ahí a la sartén a freír.
  • Cuando tenga un color dorado, damos la vuelta y freímos por el otro lado (aproximadamente 1 minuto por cada lado).
  • Sacamos a un papel absorbente para quitar el exceso de aceite.
  • Por último, mezclamos el azúcar blanca y la canela en polvo en un plato, cogemos una a una las torrijas y las pasamos por el azúcar por ambos lados.
  • Las ponemos en una bandeja y listas para comer!!

Variantes:

  • Si investigáis veréis que el “fenómeno torrija” ha evolucionado muchísimo, ahora se pueden encontrar torrijas infusionadas en casi cualquier cosa. Yo, la verdad, es que no he probado otra variante que no sea la de azúcar y canela. Sí que he probado con diferentes tipos de pan, desde el brioche hasta el pan de molde pasando por el pan de pueblo o el congelado. Personalmente me quedo con la barra de pan de toda la vida. Creo que todo pan hecho en horno de leña tiene un sabor diferente y especial (lo siento, pero para algunas cosas siempre seré tradicional =P)
  • Si queréis darle un toque cítrico, al hervir la leche podéis echar un poco de cascara de limón o naranja (cuidado con echar la parte blanca, que es la que amarga!!).

 

Bueno pues eso es todo por hoy, espero que disfrutéis de estos días y que cocinéis mucho, muchiiiisimo!

Hasta la próxima!

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